Un ciudadano chino ha destrozado a martillazos su Maserati Quattroporte, enfadado porque el concesionario oficial le intentó arreglar el coche con piezas usadas cuando él había pagado por nuevas.

«Espero que los fabricantes extranjeros de coches de lujo reconozcan claramente que los consumidores chinos tienen derecho a recibir un servicio acorde con la marca«, declaró el hombre que compró el vehículo en 2011 por unos 328.000 euros.